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viernes, 8 de julio de 2011

Consejo Tutelar para menores(Escuela Correccional para Varones) 1908-2014




DELINCUENCIA JUVENIL
Antecedentes Históricos en México:
en el caso de nuestro país, encontramos importantes antecedentes como el código Mendocino (1535-1550)ordenamiento que disponía castigos sumamente extremos para los niños entre 7 y 10 años, sin embargo, el  código de Netzahualcoyotl eximia de pena a los niños menores de 10 años.
El derecho maya por su parte era muy severo,siendo muy comunes penas corporales y la pena de muerte.
esta etapa fue muy severa con castigos extremos, castigo que se justificó al pensarse que dichas medidas eran  formativas y que olos castigos darían mejores resultados. Todavía en etapas recientes el sistema educativo descansaba en la corrección, como los golpes, pensando que así se escarmentaría y se garantizaría la educación de los menores, situación que, afortunadamente,  ha ido cambiando gradualmente.
Durante la época de la colonia se implantaron en la Nueva España las leyes de Indias, disponiendo en las 7 partidas de Alfonso X, la irresponsabilidad penal total por debajo de los 10 años y medio. Se hablaba ya de una edad cercana a la estipulada por la actual Ley. Y se mencionaba de una semi- imputabilidad para las edades entre los 10 años y medio a los 17 años. 
                                                                                        
en el México Independiente se promulgo la ley de montes, excluía la responsabilidad penal a los menores de 10 años y establecía medidas correccionales para aquellos entre los 10 y 18 años de edad.
La fundación de los tribunales para menores.
Durante el gobierno de Porfirio Díaz los establecimientos correccionales y  otros de beneficencia, que paulatinamente venían siendo secularizados, quedaron a cargo de la Dirección de Beneficencia Pública, a la que se inscribió en el ámbito de la Secretaría de Gobernación. Por medio de una circular que emitió dicha Secretaría, en  Enero de 1877 quedó establecido que: " Todos los hospitales, hospicios, casas de corrección  y establecimientos de beneficencia, que actualmente están a cargo del Ayuntamiento de esta capital, y los que en adelante se fundaren, serán administrados por una junta que se denominará Dirección de Beneficencia Pública y que se compondrá de las personas a cuyo cargo esté la Dirección de cada establecimiento.
desde entonces hasta ahora, La Secretaría de Gobernación es el ámbito desde el cual se rigen los establecimientos correccionales, ámbito que necesariamente les ha dotado de un carácter determinado, una óptica distinta a la que tendrían de haber sido incorporados a otro de los campos de poder: el educativo o el de la salud, por ejemplo.
Tan solo tres años después, en Noviembre de  1880, la Secretaría de Gobernación expide el primer reglamento de la Dirección de Beneficencia que contiene ya 7 capítulos. En el tercero se refiere a la Escuela de Educación Correccional de Agricultura Práctica, situada en el pueblo de Coyoacan, institución que existía desde 1841 como una sección o departamento del Hospicio de Pobres. En ese reglamento se dice que la Escuela: "tendrá el carácter de especial; será destinada a recibir a los jóvenes corrigendos, a quienes se dará la enseñanza práctica de agricultura(...)La edad para su admisión no pasará de los16 años(...)Tendrá dos departamentos: uno correccional y otro de reforma.

El 25 de Octubre de 1908 se tienen noticias del traslado a Tlalpan de La Escuela Correccional que por mucho tiempo ocupó el edificio del exconvento de San Pedro y San Pablo en el centro.
Gaceta de la ciudad de México:
"El edificio antiguo, a pesar de las reformas que se le hicieron, hace unos 10 años para mejor adaptarlo a su objeto, era poco adecuado para él, en razón de su vetustez y de hallarse en el centro de una ciudad donde, por razón natural, el aire que se respira está viciado por la respiración de los habitantes(...)
estas razones y otras de disciplina hicieron que se pensara en trasladar la escuela a un lugar que se encontrara en el campo y que reuniera las necesidades, condiciones de amplitud y aislamiento. Estas se hallaron en un terreno situado en las cercanías de la ciudad de Tlalpan, a un lado de la vía de tranvías de tracción animal que van de la estación a la Escuela de Aspirantes.

El terreno mide 40,000 metros cuadrados de superficie, la mayor parte de los cuales se destinarán al cultivo de plantas y legumbres, lo que al mismo tiempo que servirá de útil solaz a los corrigendos, les hará tomar acriño por la tierra, pasión muy poco desarrollada entre las personas que se educan en el medio ambiente de nuestra ciudad (...)
En el centro de este extenso terreno se construyó el edificio, nuevo desde sus cimientos y bastante amplio para contener el doble o mas de los corrigendos confinados actualmente en la escuela. La distribución que se ha dado al edificio, responde perfectamente a las exigencias de la moderna educación penal.Las dependencias de que consta están distribuidas en dos pisos: en el primero están los talleres y las clases; estas últimas son de orfeón, de orquesta de banda, y las necesarias para impartir a los reclusos la instrucción primaria elemental y superior.(...)
En la planta alta hay 8 salones dormitorio grandes y bien ventilados, y dos mas pequeños que se dedican a enfermería y servicio médico; este cuenta, además, con departamentos para botiquín, cuarto de practicantes y demás dependencias necesarias para un servicio médico completo.(...)
El Director de la Escuela, Capitan A. Sotelo.
Durante la Revolución, sin que sepamos exactamente cuando ni porque, el edificio fue ocupado por una escuela de maristas denominada "Patricio Sanz". En 1921 les fue expropiado el inmueble que volvió a servir a su propósito original.

Parece ya un lugar común señalar el millón de muertos que cobró la etapa armada de la Revolución Mexicana. Sin embargo, poco se ha estudiado sobre como la tragedia de la muerte afectó la vida cotidiana, el tejido social y las experiencias de vida de niños, mujeres y hombres. Los saldos de la revolución en la psique de la población, en la vida privada, en los comportamientos o emociones todavía permanecen como un campo poco explorado por la historiografía. la guerra civil produjo epidemias, leva, ocupaciones violentas de haciendas, poblaciones y ciudades, batallas, asesinatos y violencia generalizada, por lo tanto, un alto nivel de angustia. Miles de niños quedaron huérfanos de padre, madre o ambos a causa de la lucha revolucionaria. En las familias populares, disgregadas no solo por la muerte, sino por la pobreza y las dificultades para la sobrevivencia, el destino de los niños huérfanos fueron los hospicios, las instituciones de beneficencia, el abandono en las calles o el trabajo en fábricas y talleres. Ante la dimensión que cobró la ausencia paterna, el estado mexicano tuvo que idear formas para paliar las problemáticas sociales derivadas de esta situación. 
El estado mexicano intentó mitigar algunos de los más dolorosos efectos de la revolución en la infancia: el abandono o la muerte paterna. decenas de instituciones e iniciativas se construyeron para mejorar la situación de los menores y restituir el lacerado entramado social y familiar de la población. Si la educación y el cuidado de los niños habían ocupado un lugar secundario durante la guerra, una vez que terminó, estos aspectos se convirtieron en las prioridades del nuevo estado. 
Una iniciativa fue la creación del Tribunal para Menores Infractores en 1926 en la ciudad de México. Su objetivo fue separar a niños de adultos en las cárceles, aplicar una justicia específica para menores y ejercer una suerte de función tutelar de pater familiae. De tal forma se adjudicó la facultad de prevención y de coersion social, creó un estado-paternal y legitimó la intervención del estado en la vida privada de los sectores populares.
A partir de expedientes del Tribunal de Menores resguardados en el Archivo General de la Nación,se pueden analizar algunos de los efectos de  la revolución mexicana en las familias populares y las formas que utilizó el Estado, representado por los funcionarios gubernamentales, no solo para proteger a la infancia huérfana, pobre o abandonada sino para intervenir en la vida privada familiar de los sectores populares urbanos y crear un nuevo tipo de familia mexicana.

A principios del siglo XX México no contaba con una legislación específica para los menores infractores. Las sanciones se impartían de acuerdo al Código Penal de 1871; para los niños se aplicaban penas reducidas que tomaban como punto de referencia el castigo a los adultos o medidas punitivas como el encierro en alguna institución de corrección, casa de beneficencia u hospicio. Los casos mas graves eran remitidos a la cárcel de Belem donde niños y adolescentes convivían con delincuentes adultos.
Una vez que terminó la fase armada de la Revolución, y dio inicio la reconstrucción nacional se discutió la necesidad urgente de establecer leyes e instituciones específicas para los menores. En relación con la delincuencia infantil, un fenómeno que se percibía en aumento la primera mitad del decenio de 1920, estuvo marcada por insistentes propuestas de los grupos preocupados por la protección de la infancia para separar a los niños de los adultos en las cárceles y juzgados y constituir tribunales infantiles que retomaran el modelo del Primer Tribunal para Menores fundado en Chicago en 1899.La creación del tribunal para el Distrito Federal en Agosto de 1926 se insertó en un movimiento que ocurrió en gran parte del mundo occidental para controlar y proteger a la infancia delincuente o en riesgo de llegar a serlo.

La legislación se sucedió rápidamente. En Junio de 1928 con la ley sobre la previsión social de la delincuencia infantil en el Distrito Federal se fortalecieron las funciones del Tribunal para Menores, se le dio forma colegiada, se estableció que los menores de 15 años no contraerían responsabilidad criminal y que mas que un castigo se les aplicaría un tratamiento de carácter preventivo, médico, educativo y de vigilanci aque los restituyera al equilibrio social. La acción del tribunal se extendió no solo a los infractores e incorregibles, sino también a los abandonados, menesterosos, vagos e indisciplinados.
En noviembre de 1928 el Reglamento del Tribunal para Menores del Distrito Federal amplió el margen de su competencia a los casos "en que los padres o tutores y en general las personas encargadas de la custodia de un menor, descuiden su educación física y moral, lo traten con dureza excesiva, o le den órdenes, consejos o ejemplos corruptores para obligarles al cumplimiento de sus deberes o para imponerles alguna corrección administrativa. Se procedería a investigar no solo los hechos, y los antecedentes que habían llevado al niño frente a la autoridad,sino también " la conducta moral y social de los padres o tutores".
De la escuela clásica se conservó el determinismo biológico, genético y clasista que originó una serie de etiquetas para los menores delincuentes: "diversos", "anormales", "perversos", "enfermos", "antisociales" o "peligrosos".

El positivismo, auxiliado por saberes como la criminologia, la medicina, la psiquiatría, la pediatría y la pedagogía, creó dispositivos y cuerpos especializados " para medir, evaluar, clasificar las condiciones del sujeto,(...)determinar su peligrosidad" y modificar al delincuente.Las intervenciones desde estos campos buscaron obtener un "saber objetivo" sobre los niños infractores de acuerdo con los paradigmas científicos; intentaron conseguir "una radiografía fiel y objetiva de la situación social y del diagnóstico de personalidad del caso puesto en la mira", para llegar a comprender la personalidad psico-social de los delincuentes.los criminologos post-revolucionarios, influidos por por estas ideas se concentraron mas en el delincuente que en el delito, es decir, consideraron prioritario estudiar las causas y los factores que provocaban la criminalidad.

En tanto el delito no era la esencia del sujeto sino un síntoma de su contexto y de su historia, investigar el entorno familiar del menor se convirtió en el pilar fundamental para determinar la individualización del castigo. El Estado, a través de sus investigadores y trabajadores sociales, tocó la puerta de los hogares, entro en las habitaciones, las cocinas, estudió las camas, los baños, los techos y las ventanas.
A pesar de que formalmente el tribunal sería auxiliado por " los reformatorios y casas de observación, por los establecimientos de beneficencia pública del Distrito Federal, instituciones particulares, fundaciones de beneficencia privadas, sociedades científicas y algunas dependencias gubernamentales, relacionadas con la protección a la infancia", lo cierto fue que los lugares en la ciudad para "proteger" y "Corregir " a la infancia, se encontraban saturados. En 1934, La Beneficencia Pública se negó terminantemente a recibir a los menores enviados por el tribunal, indicando que no había lugares disponibles. De tal forma, los niños permanecían largas temporadas de tiempo en las casas de observación del tribunal hasta que se desocuparan espacios en las instituciones correccionales o educativas encargadas de su tratamiento. La incapacidad estatal para proveer espacios adecuados para tratar y atender a la infancia pobre y en situación de riesgo era manifiesta.
Durante la postrevolución, los individuos fueron distinguidos no solo por sus actos delictivos, sino por su predisposición a estos actos.así se crearon sospechosos y se criminalizaron varias prácticas de los sectores populares.

Los hábitos de las familias populares y sus espacios habitacionales se encontraron en el centro del debate criminológico. En el discurso de jueces, médicos y funcionarios del tribunal, la familia popular era la que engendraba delincuentes.
El desprecio de algunos profesionales de la infancia, hacia las familias populares no se escondía, no se disimulaba.La bestialización de los hijos y de los padres era un tema recurrente: los sectores populares lindaban con el primitivismo, en vez de hijos tenían "cachorros", y en las familias pobres había "cierto alejamiento del punto inferior a la escala zoológica". En consecuencia, los calificativos de familia desorganizada, perteneciente a" las clases mas incultas de la sociedad"," gente sombría", "desunida", o en " Inadecuadas condiciones morales"proliferaron en los expedientes del Tribunal de Menores.
Durante las décadas de 1920-1930 la paternidad se convirtió en una conducta problemática para las autoridades, por ello los padres de familia quedaron bajo el control constante del Estado.
En la lógica gubernamental, el tribunal era uno de los instrumentos a través de los cuales el estado asumía su función paternalista, encaminando a "sus hijos " hacia la senda de la utilidad social.
Si bien el tribunal se encargó de los niños huérfanos y abandonados, solo 16% de los menores que ingresaron se hallaba sin hogar o sin estructura familiar, es decir, viviendo en los dormitorios públicos, o en la calle. En contraste, mas de 80% de los aprehendidos vivía en familia, fuera esta de origen, nuclear, monoparental, o ajena como en el caso de las servidoras domésticas que vivían en casa de sus patrones.
Los datos recabados por Roberto Solis Quiroga, que había sido inspector de escuelas penitenciarias y fundador del tribunal, daban cuenta de que en 73.12% de los casos del estado económico de las familias de los menores aprehendidos era de pobreza o de miseria.esta última cifra contrasta con una sobresaliente consideración: 48.6% de los menores vivía en "condiciones morales aceptables".

algunas voces criticaron el prejuicio que se centraba en la moralidad de los sectores populares, y desde una perspectiva mas amplia señalaban a la desigualdad económica y la injusticia social como las causas determinantes de la delincuencia infantil.El problema entonces, no era del individuo, sino de una  colectividad social.Pese a estas apreciaciones, el estigma de la delincuencia infantil continuaba imponiendose a los hijos de los sectores mas pobres.La pobreza se ligó con los  discursos sobre vagancia, delincuencia y deshonestidad.
Cuando los hijos se resistían a la dominación paterna a tal punto que para los padres era imposible ejercer control sobre ellos, cuando proclamaban su autonomía, las familias recurrían al discurso paternalista del estado y se apropiaban del concepto de "incorregible", convirtiéndo al Tribunal para Menores en institución de control social.

El tribunal aparecía ante sus ojos no solo como un asilo, sino también como una escuela en la que los niños podrían dormir, comer y aprender un oficio. Muchas madres y padres estaban imposibilitados para sostener a sus hijos,los talleres y las fábricas admitían cada vez menos niños, las calles eran peligrosas, las escuelas públicas estaban llenas e implicaban un gasto familiar en útiles y ropa, en las instituciones de beneficencia no había espacio.Para muchas familias pobres acusar a sus hijos de incorregibilidad e internarlos en establecimientos de corrección se convirtió en una estrategia para asegurarles comida, ropa, atención médica,educación y  un oficio.

Aunque algunos periodistas en sus visitas a la escuela correccional de varones en Tlalpan, encontraron que los "pequeños delincuentes" tenían "todo género de comodidades, una comida sana, abundante y segura a sus horas", el aprendizaje de un oficio y los "conocimientos necesarios para salir convertidos en hombres de bien", Las noticias sobre los maltratos y las vejaciones sufridas por los menores dentro de las correccionales, trascendieron con velocidad, las familias involucradas, los periódicos, los propios funcionarios, y principalmente, los niños y adolescentes, difundían sus tenebrosos días en la "Corre".
Héctor García, quien luego se convertiría en uno de los grandes fotógrafos mexicanos, pasó por la Correccional de Tlalpan a la que consideró su Alma Mater, no solo porque había aprendido los oficios de zapatero plomero, carpintero y tipógrafo, sino también "las mañas y los artificios para cometer pillerias, especialmente de explendidos maestros, niños y jóvenes expertos en toda clase de hurtos y de medios para sobrevivir".
Por otro lado, los maltratos, las ofensas, la violencia verbal y física eran prácticas cotidianas en el tribunal, las casa de observación y las escuelas correccionales.
La Ley de Organización Política y Municipal del Distrito Federal, de 1903 definió por vez primera el gobierno político-administrativo y la organización territorial de la capital aunque dotándola de un carácter netamente consultivo que dependió del presidente de la república.
Para 1928, la capital se convirtió en un "problema de administración" al suprimirse las municipalidades y con la creación del Departamento del Distrito Federal como el órgano encargado de su gobierno que, a partir de entonces, dependería directamente del ejecutivo. 
En 1935 se expide el Plan de Desarrollo de la Ciudad de México.
de los 200,000 habitantes que habían en la capital en 1858, la cifra se eleva a 1,229,068 para el año de 1930.



 En 1924 se fundó la Primera Junta Federal de Protección a la Infancia, antecedente del IMAN, del IMPI y ahora del DIF.

2 comentarios:

  1. Hola mi nombre es Jorge Apaez y me gustaría invitarlo a conocer los trabajos que hacemos en la Comunidad de Tratamiento Especializado para Adolescentes la cual dirijo actualmente. Me gustan mucho sus crónicas y sería un gran gusto poder platicar con usted sobre la historia del ex Tutelar de san Fernando. Mi teléfono es 56 06 25 32 y 55 73 07 44. Le envío un cordial saludo.

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  2. Buenas noches, me gustaría conocer el modelo educativo dentro del tutelar para menores, sabe en donde puedo tener acceso a esa información?? soy estudiante de Pedagogía de la Universidad Pedagógica Nacional

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